Porque el curazoleño es “vago”, el holandés es “soberbio” y el latino es un “delincuente”

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Por Agustín Bravo Rodríguez – Con el paso del tiempo cada vez debería costar más decir palabras como: “siempre”, “nunca”, “nadie” o “todo el mundo”. Es decir, debería costar más adoptar posturas extremas, hacer apelaciones que pretendan asentar cátedra basándose en la generalidad. Quizás sean los niños los que puedan emplearlas, pues su visión del mundo es más pequeña, sus relaciones interpersonales son menos numerosas y más estrechas. Pero en boca de un adulto estas palabras son molestas e incluso hirientes, por ello trato de no emplearlas y no decir “todo el mundo” o “nadie es”… espero, al menos, lograrlo a menudo.

No conozco ninguna ocasión en que se pueda decir siempre o nunca, estas palabras suelen encerrar más la intención de crear un mundo simple de blanco y negro. Poder reducir cada cosa en bueno o malo, más sin embargo, no existe maldad absoluta ni bondad plena. Difícilmente la realidad se corresponderá con esa descripción pues todo es rotundamente relativo, complejo, tan diverso como las especies que habitan este mundo. Con el paso de los años he descubierto que jamás veremos toda la complejidad que existe pues estará siempre limitada por nuestros sentidos. A los colores que llegamos a percibir se suman un infinito de tonalidades, igual ocurre con los sonidos, los olores… ¿por qué no iba a ocurrir también con el comportamiento y los sentimientos de cada persona, con nuestras propias interpretaciones del mundo?

Esta facilidad en poner etiquetas para distinguir a los unos de los otros o para confrontar las distintas comunidades de una población es algo desgraciadamente común, se puede observar en cada rincón del planeta. En el caso de Curazao no iba a ser diferente, por desgracia, basta con un corto periodo de tiempo en la isla para escuchar estas hirientes palabras: “siempre”, “nunca”, “nadie” o “todo el mundo”. Sintiendo mucho tener que reproducir tales afirmaciones, debo de hacerlo para contextualizar mi exposición: los holandeses afirman que todos los curazoleños no trabajan, que viven con la idea del “poco a poco” y que no se comprometen con sus obligaciones laborales. Los curazoleños afirman que los holandeses tratan a la gente de la isla con cierta soberbia y que pierden los papeles cuando llegan a la isla cometiendo imprudencias y abusos, afirman que su comportamiento jamás sería el mismo en la propia Holanda y que se asimila más al de un niño en el recreo que abusa de todo lo que encuentra y da rienda suelta a sus instintos más básicos. En lo que parecen estar de acuerdo tanto holandeses como curazaleños es en que todos los latinos son criminales, son personas que llegan a la isla de Curazao con el único propósito de delinquir, son quienes traen problemas a todos, son las personas que traen armas, trafican con drogas y controlan la prostitución tanto consentida como forzada.

Creo que lo más peligroso de la generalidad es que se apoya en ciertos acontecimientos reales, es dañino, pues es una postura muy cómoda, confortable, decir “todos” parece ser la partida perfecta de Tetrix dentro de nuestra cabeza. Todas las piezas encajan y requiere de nosotros un esfuerzo mayor entender cómo funciona el juego y cuáles son las reglas. Caemos en la pereza y no vamos más allá. Pues de todas estas generalidades obviamente se pueden observar casos que lo corroboran y nos reafirman en nuestra postura.

Es cierto, lo vemos cada día, como a Curazao llegan personas de Venezuela con el único propósito de delinquir. Traen armas, entran de manera ilegal, roban, es cierto. Es fácil caer en meter a todos los latinos en el mismo saco. También es cierto que es por todos conocidos la situación por la que atraviesa el país de Venezuela, la corrupción política, el abuso de poder, la limitación de las libertades sociales, la imposición a su gente de un régimen político que bajo la bandera del comunismo mal pertrechado hacen pagar las consecuencias con escasez, hambre e inseguridad. Venezuela es un país rico en recursos naturales, tiene petróleo, materiales preciosos pero esta riqueza es proporcional al nivel de corrupción de sus políticos y mandatarios. En otros puntos del mundo, han sido el resto de países quienes han ayudado a la población a escapar de estos regímenes dictatoriales y de pobre democracia. En el triste caso de Venezuela para el resto de países ha sido mucho más beneficioso mirar a otro lado y extender la mano de aquello que pudo sacar provecho. Un país con éstas riquezas y con tantos conflictos es más provechoso para expoliarlo si se vive inmerso en el conflicto interno. Por tanto, todo ello desemboca en un repunte del crimen, de la delincuencia y a países tan cercanos como Curazao les toca sufrir las consecuencias.

Es cierto, lo vemos cada día, como en Curazao los holandeses son menos “holandeses” y dejan en muy mal lugar lo que tenemos entendido como habitante de la vieja Europa y el antiguo continente, vemos como su comportamiento dista mucho de ser correcto y ser cívico. Como infligen normas que jamás se les ocurriría violar en Holanda. Conducen a mayor velocidad de la permitida, no usan casco cuando van en moto ni utilizan el cinturón de seguridad, se emborrachan y dejan la basura tirada por todos lados. Con mis propios ojos he tenido que ser testigo de cómo orinaban en la orilla de la playa de Jan Thiel. ¿Pero podemos decir que esas personas representan un “todo”? También he visto la amistad en una relajada conversación entre gente de la isla y turistas. El problema del abuso del turista también es, por desgracia, común, la necesidad de desinhibirse y romper el yugo de la opresión y control que sienten la mayor parte del año desemboca en una euforia que paga la gente local y ellos mismos. En España es más que conocido este comportamiento, el “balconing” práctica que realizan los turistas que se lanzan desde los balcones de sus hoteles a las piscinas y que cada año acaba con la muerte de alguien que traspasó el límite entre lo que es divertido y lo que no lo es. Turistas desnudos comprando en las tiendas o la práctica del llamado “mamading” son comportamientos con los que desde hace años se lidia en destinos turísticos de Barcelona y Mallorca. Son abusos que por lo rocambolesco de los mismos saltan a primera plana pero que no es común. En el caso de España con 75,6 millones de turistas al año y siendo un sector que representa un 10,9% del PIB (Producto Interior Bruto) éstos casos del turismo eufórico merece la atención para ser controlados y erradicados pero poco favor se hace si se pensase que ese es el único aporte que hace el turista al país.

Es cierto, lo vemos cada día, como en Curazao en ocasiones, sobre todo a la hora de hacer algún trámite, todo parece dilatarse y eternizarse, como pareciera que el tiempo se detuviera y que todo se moviera a cámara lenta. Como se escucha con frecuencia y se apela a la filosofía de vida del “poco a poco”, esto es criticado más sin embargo, el resto del mundo sufre las consecuencias del estrés, la ansiedad y otros desórdenes provocados por la prisa hacia la nada. Más se nos olvida y no tenemos en cuenta que Curazao es una isla, por tanto se vive prácticamente al nivel del mar con la repercusión que ello tiene en la presión. Se critica lo que quizás es parte de la cultura caribeña y se rechaza lo que más sin embargo, es posible fuese beneficioso asimilar y absorber.

Y heme aquí, sin ser holandés ni curazaleño, tampoco de un país cercano como Colombia o Venezuela pero si latino, lo que quizás me permita alejarme de todo y de todos para ver el conjunto, así como se contempla un cuadro de Georges-Pierre Seurat en el que una infinita multitud de puntos componen la imagen perfecta. Sólo si te alejas del enjambre de manchas de colores se puede observar y admirar la belleza del cuadro. Contemplar sosegadamente y elaborar múltiples interpretaciones de una misma realidad para que así palabras como “siempre”, “nunca”, “nadie” o “todo el mundo” se atraganten en nuestra garganta y sean más difíciles de pronunciar, sean más difíciles de liberar y dejar sueltas en un mundo al que no pertenecen.

Agustín Bravo Rodríguez

Periodista

NOTA: Las opiniones expresadas en este artículo no necesariamente reflejan la opinión de Noticias Curazao. Cada autor es responsable por el contenido de sus artículos.

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“Un domingo por la tarde en la Isla de la Grande Jatte”, Georges Pierre Seurat (1884)
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