En busca del Edén. Una persona se quita la vida cada 40 segundos en el mundo

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Por Agustín Bravo Rodríguez – Antes de llegar por primera vez al Caribe Holandés hace dos años, ya me resultaba muy familiar. Esto se debe a la cantidad de fondos de pantalla que inundaban los ordenadores de compañeros del trabajo: la imagen de una playa idílica de arena blanca con armoniosas palmeras verdes eran casi tan frecuentes como el cerco de café sobre las mesas.

Ese fondo de pantalla servía como evasión a la rutina diaria, el agotamiento y el hastío, las discusiones tanto fuera como dentro del trabajo desaparecían en ese azul infinito. Surgía en el mundo real el paraíso y pareciera que nos estuviera aguardando para cuando decidiéramos ir a su encuentro. Y con esa idea se marcaban y dibujaban caras sonrientes en el calendario la fecha del inicio de las vacaciones, el Edén te esperaba.

Pero eso era tan solo una ilusión, un espejismo, creer que existe en el mundo un lugar ajeno a los problemas, a la tristeza, a la injusticia… es tan solo una quimera. Quizás un engaño que se antoja en ocasiones necesario, imperioso, pero irreal. Nos alimentamos con la idea de que de la noche a la mañana podremos despojarnos de la cargada mochila llevamos a cuestas a diario, donde acumulamos decepciones, frustraciones y tristeza. Que es posible huir de los problemas y esas 16 pulgadas de paraíso se encargan de recordárnoslo a diario entre las cuatro paredes de una oficina.

Sin embargo, en éste marco perfecto, como en la isla de Curacao, el número de personas que deciden poner fin a su vida es elevado, muchas de ellas se dirigen al famoso puente Reina Juliana para lanzarse desde sus casi 60 metros de altura. El pasado año, el caso de una joven policía de 26 años en activo que tomó rumbo al océano en un bote para posteriormente quitarse la vida golpeó la conciencia de muchos de nosotros.

La conclusión a la que llegué después de conocer todas estas noticias fue que tanto el paraíso como el infierno se encuentran dentro de nosotros, no hay que recorrer ni un paso para encontrarse en él. De manera ofensivamente frecuente proyectamos nuestras ilusiones en otra parte, otro lugar, otro tiempo, sin embargo, hay cientos de frases trilladas de autoayuda que encierran un poso de verdad, y es que lo único que tenemos en nuestras manos es un “ahora” que constantemente se nos escurre entre los dedos.

La felicidad es efímera, es tan solo un segundo y por ello es tan preciada. Por eso un mundo consumista nos empuja a hallarnos en un estado permanente que es inalcanzable y ello provoca más frustración y angustia. Ésta felicidad que todos tenemos no solo el derecho, sino la obligación de encontrar, serán instantes y en muchas ocasiones no los reconoceremos hasta pasado el tiempo, entonces con frecuencia la imperfección del ser humano cae en el estado de la melancolía.

¿Era posible que el índice de suicidios en Curacao, en el caribe, fuese elevado? No era solo posible, es un hecho. Como en cualquier otro lugar del mundo, en muchas ocasiones ligado a trastornos mentales como la depresión. En otras ocasiones al consumo de alcohol y drogas, aquello que nos mitigaba de sufrir frente al contacto con la realidad, acaba convirtiéndose en nuestro verdugo. Pero no es algo marginal ni una excepción. El número de suicidios en los últimos 45 años han aumentado un 60% a nivel mundial. En el caso, por ejemplo, de España ya es mayor el número de muertes por suicidio al año que el de muertes por accidente de tráfico, alcanzando la escalofriante cifra de 3.910 personas en el año 2014. El tabú social a expresar emociones negativas y no poder hablar con naturalidad de enfermedades tan comunes y frecuentes como la depresión, la falta de respaldo por parte de las instituciones médicas que muchas veces relegan éste tipo de dolencias a un segundo plano, ofuscados por cerrar heridas y poner tiritas remediando el sufrimiento psicológico a base de fármacos unido con el mutismo mediático, que parece temeroso de crear una “moda” en vez de dar luz sobre una realidad muy probablemente estén detrás de éste aumento en las cifras.

Siempre serán los menos para quienes la vida se les antoje un camino de rosas, todos estamos expuestos a la adversidad y quien más quien menos en algún momento sufriremos alguna pérdida. Y quizás por ello venga a mi cabeza la frase final de una de mis películas favoritas, y cito:

“Querido Leonard,

Mirar la vida a la cara, siempre hay que mirarla a la cara. Y conocerla por lo que es, así podrás conocerla, quererla, por lo que es, y luego, guardarla dentro.

Leonard, guardaré los años que compartimos, guardaré esos años siempre, y el amor siempre… Y las horas”.

Agustín Bravo Rodríguez

Periodista

NOTA: Las opiniones expresadas en artículos de opinión y remitidos en general, no necesariamente reflejan la opinión de Noticias Curazao. Cada autor es responsable por el contenido de sus artículos.

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